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El poder del mindfulness en las relaciones interpersonales

No hay manera de que pueda evitar escribir sobre el fin de semana pasado. La querida Manuella O’Connel estuvo con nosotros en CEFI impartiendo el Taller Mindfulness en las Relaciones Interpersonales. Fue toda una mañana de sábado y domingo llena de prácticas. Estoy seguro de que salí diferente a cómo entré.

El mindfulness, al contrario de lo que muchos imaginan, no es “vaciar la mente”, sino elegir, con intención, algo del mundo interno o externo para dirigir la atención. Esto significa estar presente en lo que pienso, siento o lo que me pasa. a mi alrededor, sin apegarme, dejando que los pensamientos y las emociones pasen como nubes en el cielo u olas en el mar.

Pero al fin y al cabo, ¿para qué sirve esto?

Practicar mindfulness nos ayuda a ser conscientes de lo que sucede en nuestro interior, ofreciéndonos la posibilidad de elegir cómo actuar, en lugar de responder en piloto automático, con impulsos que tantas veces dañan nuestras relaciones.

En las terapias contextuales, el mindfulness es una herramienta esencial para el cambio. El terapeuta ejerce la presencia para elegir intervenciones más adecuadas, observar al paciente con claridad o enseñarle a observarse a sí mismo. Esta postura hace que la atención plena no sea sólo una técnica, sino un contexto para la transformación. ¡Lo nuevo que nos trajo la psicóloga argentina fue utilizar el mindfulness como vehículo de cambio! En otras palabras, utilizar esta atención en la relación para transformar los patrones relacionales del paciente.

En este lugar, la atención del terapeuta se dirige a sí mismo, al paciente y a la relación, momento a momento. No importa tanto lo que es “correcto” o “incorrecto” decir, sino cómo resuenan en mí las palabras de la otra persona. Aprendí que, si estoy realmente conectado con esa relación, en el “Yo, Aquí, Ahora”, puedo capturar lo que muchas veces el paciente no puede decir, y esto potencia la intervención de una manera profundamente transformadora.

Sentarse frente a alguien con apertura y presencia no es nada fácil. Requiere el lema de la FAP (Terapia Analítica Funcional): Conciencia, Coraje y Amor. Cuando hablamos desde esta postura, la conexión con los demás es inevitable. Y qué hermoso sería si pudiéramos llevar esto a todas nuestras relaciones, no sólo como terapeutas, sino como personas. Este aprendizaje tocó algo muy valioso en mí: el deseo de paz entre las personas y en el mundo. Fue por este ideal que elegí estudiar periodismo: quería contribuir a una sociedad más justa. Y, tras la decepción con la profesión, la psicología abrió nuevas vías para mejorar la vida de las personas, aunque de forma más individual.

Descubrir el mindfulness interpersonal con Manuella me hizo darme cuenta de que lo que llevo en el corazón también puede estar presente en la sesión. La psicoterapia no tiene por qué ser sólo intelectual. Marsha Linehan, creadora de la Terapia Dialéctica Conductual (DBT) ya describió la dialéctica entre la mente racional y la mente emocional, que se encuentran en la mente sabia. Estar frente a los demás con plena atención es, al mismo tiempo, desafiante y transformador. Es como si cada silencio cobrara significado y cada palabra finalmente viniera del corazón.

Por: Viviane Grafitti